Qué firmar antes de realizar una operación internacional
Muchas operaciones internacionales arrancan con una factura, una orden de compra o correos. Mientras todo fluye, suele ser suficiente. Cuando algo no sale como se esperaba, aparece la parte difícil: qué quedó acordado por escrito y cómo continúan las partes sin que la relación se rompa.
El paso que más se omite (por querer avanzar rápido)
Es común cerrar con lo mínimo: factura, orden de compra o un intercambio de correos. En el corto plazo resuelve la urgencia. En el mediano plazo deja temas abiertos justo donde más duele: pagos, entregables, tiempos y qué hacer si una parte no cumple o deja de responder.
Cuando surge un desacuerdo, la urgencia comercial deja de mandar: Ahora manda lo firmado: qué se acordó y qué ruta quedó prevista para resolver con orden.
Factura, orden de compra y contrato cumplen funciones distintas
Se usan como si fueran lo mismo, pero no lo son. Cada documento tiene un alcance diferente:
- Factura: documenta el cobro y la operación, pero normalmente no define cómo destrabar un desacuerdo.
- Orden de compra: ordena precio y entrega, pero rara vez deja previsto qué pasa si algo falla.
- Contrato: deja claro el acuerdo completo y cómo se actúa si hay fricción.
Lo mínimo que conviene dejar por escrito desde el inicio
Antes de cerrar una operación internacional, procura que quede claro al menos:
- Qué ocurre si hay retrasos o incumplimientos
- Cómo se inicia una conversación formal cuando hay fricción
- Qué pasa si una parte deja de responder
- Bajo qué reglas se interpreta el acuerdo (idioma y criterios)
Cuando hay silencio, tener una ruta prevista cambia todo
En operaciones internacionales, cuando la contraparte deja de responder, “presionar” suele escalar el conflicto. Un acuerdo bien estructurado permite documentar cada paso y avanzar con orden, sin improvisar ni depender de amenazas.
Definir una ruta de actuación desde el momento de firmar ayuda a cuidar la relación y el tiempo, y a evitar que el caso se vuelva eterno.
Cómo prepararte sin cambiar tu forma de operar
Puedes seguir usando tu propio contrato. Lo valioso es que, desde el momento de la firma, quede previsto qué ocurre si algo falla y cómo se continúa cuando aparece un desacuerdo.
Dejarlo claro desde el inicio suele ser más eficiente que intentar reconstruir el acuerdo cuando ya hay contratiempos y urgencias.
Deja previsto cómo actuar si surge fricción
Integra automáticamente una cláusula que define una ruta de acción contractual por etapas para resolver con orden si aparece un desacuerdo, usando tu contrato tal como lo tienes hoy.